lunes, 16 de abril de 2012

Suave


Eres... acaso,
ese "dolorsito" en la yema de los dedos
que he sentido, que viene y debilita,
cada vez que te he buscado en mi nostalgia,
que solo se siente
cuando uno se enamora...

Eres ese instante sin aliento
que al pecho invade en la noche
de un mar de estrellas...

Eres...
mis naranjas del cielo
cuando el ocaso se apropia del mar,
mi verde del camino
de la montaña en primavera,
el perfume del aire
cuando el campo florece,
el "calorsito" del café, aromado,
de madrugada en el invierno;
el sabor del agua
caída cuando llora el cielo...

Eres,
ese color, dorado, de tu piel
pintado en acuarela
por un sol de verano

eres la curva de tus pies,
suave...
que mi rostro ha de extrañar
tocar otra vez...

esa imperfección, pequeñita, de tu diente
no sería más bonita,
no sería más perfecta,
si no fuera tuya...

eres ese rojo de tu nariz
cuando ríes...

eres tu caminar
suave...
como cisne sobre el agua
como lágrima en el rostro
como hoja que cae en el otoño
como la brisa sobre la piel,
suave...

Eres tu risa,
suave...
deletérea, encantadora,
armónica, melódica, embrujadora,
mi prisión y libertad...
son tus ojos
mi nacer y mi morir...

Eres tu voz,
suave...
tu susurro
caricia de mi oido,
caricia de mi sueño,
caricia de mañana...
tu silencio
misterioso, cautivador...


Si acaso hubiera forma
de describirte, tal vez,
ya no serías tú,
sino mi limitada humana capacidad
de intentar definir
las infinitas formas en que tu ser
se ha grabado sobre el mío.


David N.

lunes, 2 de abril de 2012

El alma que amaneció con tu llegada



Y así aquella alma llegó a ese valle,
no era un alma cualquiera...
cargaba temerarios sueños
esculpidos en infancia,
infancia de olores arbóreos,
de frescuras de río,
de colores de flores,
de verdes de campo,
de llovidas gotas en el cuerpo...

Aquella alma,
aferrada a viejos principios
maternos de cimiento,
paternos de columnas,
de espíritu y corazón, en esencia...

Alma de esperanzas,
no acaecidas en tormentas
impuestas en su destino,
no perdidas en batallas
libradas muy pequeña...

Así llego...
una mañana húmeda
con olor a mar,
con sol naciente en el oriente,
con pesar de viaje
con cariños de llegada
con rostros conocidos,
a una nueva tierra...

Quiso el tiempo
que caminara mucho más,
fuera acaso su voluntad
vivirse así misma el alma en soledad?
tal vez era su tiempo
era el tramo del sendero que tocaba...

Ni golpes,
ni tristezas o amarguras,
ni desesperanzas,
ni noches sin estrellas,
ni corazones duros, 
ni almas oscuras,
ni duros suelos en caídas,
apagaban su esperanza...

Solo la soledad
cazadora infalible de sueños
podía anochecer sus ilusiones...
así anduvo,
así navegó entre tormentas,
el alma que un día llego a este valle,
y casi "naufragante",
ya con hombros cansados
con cicatrices,
con los brazos ya cayendo,
rindiendo las pestañas,
aferrada aún a su velero,
un día,
te conoció...

Y el sol, el arcoíris, el rocío, el perfume,
no se fueron más...

Así amaneciste mi vida.


David N.