Eres... acaso,
ese "dolorsito" en la yema de los dedos
ese "dolorsito" en la yema de los dedos
que he sentido, que viene y debilita,
cada vez que te he buscado en mi nostalgia,
que solo se siente
cuando uno se enamora...
Eres ese instante sin aliento
que al pecho invade en la noche
de un mar de estrellas...
Eres...
mis naranjas del cielo
mis naranjas del cielo
cuando el ocaso se apropia del mar,
mi verde del camino
de la montaña en primavera,
el perfume del aire
cuando el campo florece,
el "calorsito" del café, aromado,
de madrugada en el invierno;
el sabor del agua
caída cuando llora el cielo...
Eres,
ese color, dorado, de tu piel
ese color, dorado, de tu piel
pintado en acuarela
por un sol de verano
eres la curva de tus pies,
suave...
que mi rostro ha de extrañar
tocar otra vez...
esa imperfección, pequeñita, de tu diente
no sería más bonita,
no sería más perfecta,
si no fuera tuya...
eres ese rojo de tu nariz
cuando ríes...
eres tu caminar
suave...
como cisne sobre el agua
como lágrima en el rostro
como hoja que cae en el otoño
como la brisa sobre la piel,
suave...
Eres tu risa,
suave...
deletérea, encantadora,
armónica, melódica, embrujadora,
mi prisión y libertad...
son tus ojos
mi nacer y mi morir...
Eres tu voz,
suave...
tu susurro
caricia de mi oido,
caricia de mi sueño,
caricia de mañana...
tu silencio
misterioso, cautivador...
Si acaso hubiera forma
de describirte, tal vez,
ya no serías tú,
sino mi limitada humana capacidad
de intentar definir
las infinitas formas en que tu ser
se ha grabado sobre el mío.
David N.