lunes, 2 de abril de 2012

El alma que amaneció con tu llegada



Y así aquella alma llegó a ese valle,
no era un alma cualquiera...
cargaba temerarios sueños
esculpidos en infancia,
infancia de olores arbóreos,
de frescuras de río,
de colores de flores,
de verdes de campo,
de llovidas gotas en el cuerpo...

Aquella alma,
aferrada a viejos principios
maternos de cimiento,
paternos de columnas,
de espíritu y corazón, en esencia...

Alma de esperanzas,
no acaecidas en tormentas
impuestas en su destino,
no perdidas en batallas
libradas muy pequeña...

Así llego...
una mañana húmeda
con olor a mar,
con sol naciente en el oriente,
con pesar de viaje
con cariños de llegada
con rostros conocidos,
a una nueva tierra...

Quiso el tiempo
que caminara mucho más,
fuera acaso su voluntad
vivirse así misma el alma en soledad?
tal vez era su tiempo
era el tramo del sendero que tocaba...

Ni golpes,
ni tristezas o amarguras,
ni desesperanzas,
ni noches sin estrellas,
ni corazones duros, 
ni almas oscuras,
ni duros suelos en caídas,
apagaban su esperanza...

Solo la soledad
cazadora infalible de sueños
podía anochecer sus ilusiones...
así anduvo,
así navegó entre tormentas,
el alma que un día llego a este valle,
y casi "naufragante",
ya con hombros cansados
con cicatrices,
con los brazos ya cayendo,
rindiendo las pestañas,
aferrada aún a su velero,
un día,
te conoció...

Y el sol, el arcoíris, el rocío, el perfume,
no se fueron más...

Así amaneciste mi vida.


David N.

No hay comentarios:

Publicar un comentario