martes, 24 de julio de 2012

Nuestra vieja tregua


Ayer iba caminando
por el parque a media noche
el Castilla, oscuro y lleno de árboles
que sombríos parecen negros cuando el día se ha marchado,
la niebla llamada por el frío acudía
a corroerme el hueso mientras un cigarro me calma,
no hay gente, todo está vacío,
casi puedo escuchar mi aliento al respirar
mientras veo las formas del humo que exhalo
confundirse con la niebla...
mi mente se confunde
entre si vivo un sueño
o hasta si vivo,
o si un rastro de locura me ha traído aquí,
y medito mientras
tomando ventaja del silencio de una noche de domingo
por caminitos del parque, dormidos,
camino…

el pasto está mojado, lo puedo sentir,
hay barro en el camino y con cautela avanzo,
es enorme, es un bosque resistente al cemento de Lima,
el frío se mete en mi bufanda
y sigo pensando,
que busca mi ser que no quiere volver a mi lecho
a descansar como el común de los mortales,
pero sigo entre árboles, oscuro casi todo,
y en el camino, sin verla venir
se cruzó una mujer!
me asusté y quedé quieto,
pero me mira…

Era anciana, canosa, de cara huesuda,
de mirada profunda y ojos encendidos,
con las manos magulladas
y las uñas largas,
como quien duerme en las calles,
pero con rostro duro, como forjado por aceras frías

La anciana me preguntó...
"joven, con aún fuerza en las piernas
con orgullo en el semblante
y juventud en el pecho, henchido,
si tuviera razones para quedarse
en este mundo duro,
cuales serían?"

La pregunta me dejó perplejo,
me quedé en silencio
unos minutos
ante aquella su mirada fija, con ojos que punzan la mente

y recordé que la pregunta ya me había sido hecha,
y en mi mente, y en silencio,
pensé...

"Quiero quedarme aquí...
yo que un día casi me despido,
yo aún tengo razones para pelear
y batallas que vencer,
porque tengo un pueblo adorable,
por el cual luchar,
porque aún no he me he lanzado en un velero
y visto el atardecer en altamar,
porque aún no he sentido nevar sobre mi rostro
y no he visto el horizonte ponerse blanco,
porque no he visto el amanecer en un desierto
helado, con cielos rojos y naranjas que solo por otras voces he soñado
porque quiero volver a quedarme dormido, una tarde,
en el bosque con el viento soplando en las hojas,
con perfume y con gorriones murmurando,
yo no me puedo ir sin volver a ver
la luz del sol dibujar la silueta de mi amada en la mañana,
porque aún no le he jurado amor a una mujer ante dios,
porque aún no he cargado un hijo mío
varón recién nacido, en los brazos...
 yo no me voy!
porque quiero un día, otra vez, aunque sea solo un día,
volver amar sin miedo a la muerte".

Volví de mi mente y
me percaté que la anciana seguía ahí,
apenas intenté emitir palabra alguna,
ella me calló con la mirada, y me dijo...

"Joven hombre,
no es necesario que diga nada,
sus razones bastan,
seguramente volveré otro día u otra noche
no lo olvide, volveré,
pero esta no es la noche en que he de llevármelo."

Y entonces... desperté
llevaba días de batallar sin saberlo, contra ella,
y supe quien era aquella anciana, 
y supe que no era mi momento.


David N.


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