domingo, 8 de julio de 2012

Adiós gemelo corazón


Y hay noches como esta,
aquellas en las que en el pecho
me nacen unas ganas, 
de tomar una mochila y cargarla sobre el hombro,
tomarme un boleto en el tiempo
y volver...
al momento
en que tu rostro sonriente,
era nuevo ante mis ojos,
zarpar en una carabela
hacia otro mundo, por descubrir,
aquel donde no pueda dejarte ir...

A alzar esas velas y salir en busca,
de algo que me despierte nuevamente,
como tus ojos cuando encienden este pecho
cuando brillan tan cerca, sonrientes,
porque hasta aquella noche, con tus ojos en el balcón,
hasta entonces, hasta verte, 
supe lo que nunca supe que siempre había sabido
que para verme tenía que mirarte...
Y así este hombre 
ya no será el mismo después de ti...

Principios que me gobiernan
me han impedido,
quebrar esa distancia, imposible!
entre nuestros ojos,
ese vacío de aire que me ahoga,
que me separa, tortuoso,
de tu labios...
ahh... tus labios...
como manzana acaramelada, rojos,
que dulcemente húmedos
cautivaron a mis ojos...

Acaso no debí?
mantenerte alejada de mi mundo,
acaso fue por protegerte?
a tan noble corazón
y alma gemela,
o por protegerme del peligro
de perderte sin haberte tenido,
y sea como fuera
esta noche, te pierdo igual...

Como hago ahora!
como dejarte ir?
sin perderme, sin dejarme ir también...
aunque parecer ser que ya pasó,
y el hombre que casi conociste,
en una mañana de dos días
habrase ido ya dentro de mi.

Y aún en noche triste
de trago amargo y pestañas pesadas
no creas por nada, por favor!
yo no te culpo, si no que te agradezco
por que en tu sonrisa he muerto feliz
y he vuelto a nacer,
porque como dice el poeta
tal vez,
la verdadera experiencia de la felicidad
sea tenerlo todo en el mundo, sin poseerlo.

Adiós, gemelo corazón.


David N.

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