Anoche,
estaba ella,
vino cuando el oscuro mar del cielo anochecía sobre nosotros
vino hacia mi, a recogerme
vino hacia mi, a recogerme
cuando me hallaba abrumado de nostalgia
Sus manos seguían tan suaves,
sus ojos como la luna reflejada en el agua,
iluminaban mi soledad...
Era ella, sus pies pequeños descalzos y vestido purpura
como la última vez que la vi
era ella, su voz suave y sonrisa dulce
las ondas esas de su pelo
marrón, largo, con aroma de mañana, en plena noche,
jugaban con el aire, con la brisa,
era ella anoche,
eramos ella y yo...
Mi latente pecho perplejo e inocente la miraba,
yo no sabía que decir, yo no sabía,
y recordé que la amé
y recordé que la amaba...
Con asombro y sin el cuidado
que debía darle a la delicadeza de su cariño
es cierto, no siempre supe amarla...
la amé demasiado a veces, con impulso y con pasión,
con locura e ilusión... inexperto...
perdí el cansancio mas no los sueños
corría y soñaba por ella,
y otras veces con recelo
es cierto, no siempre supe amarla...
me guardé cariño, y es que así se me había enseñado
me guardé cariño, y es que así se me había enseñado
me guardé cariño, como si así retuviera su amor,
guardé palabras, guardé besos,
y la amé en silencio otra veces,
si que la amé...
si que la amé...
Pero otra vez, señor, ella estaba ahí,
para mi,
por mi,
para mi,
por mi,
pero esta vez,
no la perdería,
no la perdería,
esta vez la amarraría a mis brazos
como naufrago a una balsa
me prometí que está vez,
no tomaría su alma sin cuidado...
Y la amé una noche más,
como ella hubiera soñado,
y la amé...
y la esperanza me lleno.
como ella hubiera soñado,
y la amé...
y la esperanza me lleno.
Y así tan fuerte!
como el suspiro de vida
como el suspiro de vida
que fue devuelto a mi pecho por el calor de su aliento,
la esperanza
heraldo oscuro, jinete frío de mi fe,
me dejó morir otra vez,
heraldo oscuro, jinete frío de mi fe,
me dejó morir otra vez,
yo estaba soñando,
era ya más de un año,
y yo a un océano de sus labios.
David N.