Y al final de la jornada
extenuado de emociones
siempre vuelvo
y lo sabes, siempre vuelvo,
quejoso a reprocharme
los errores y azares
que me devuelven
solitario.
Y tú estas,
amiga,
tú estas.
Para escuchar,
para leer mis desvaríos,
y recordarme,
que todo es parte del sendero.
Y que dirás hoy?
dime algo, por favor, ya no calles,
hoy,
que como brujo me revelo,
hoy que lo oscuro está libre
hoy,
hoy,
que no se capturar a ese demonio
cazador de mi esperanza.
Dime,
si la llama de ternura
que abrigaba este pecho soñador
ha de arder otro día?, otra mañana?,
dime, si eso crees,
no se si ha de pasar...
Pues ayer he batallado ya
con mi esperanza
y la he vencido.
Como el trovador,
hoy reniego no haber jugado
la última mano de la baraja
así, por lo menos, sabría con certeza,
que la esperanza ha muerto por completo,
y no vivir de nuevo la tortura
de verla caer como lágrima fúnebre.
Y aún así me escucharás?
estarás ahí nuevamente en mi pesar?
aguantarás los reclamos a mi dios?
mañana volveré nuevamente
con nostalgia de tu consuelo,
ojalá aún me quieras,
ojalá aún me escuches,
que yo te quiero,
que tu eres mi muleta
acompañarme en la dureza del camino,
amiga.
David N.
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